Bush llamó a Lula para que apoye su propuesta en la Organización Mundial.
El martes último por la noche, mientras se encontraba en segundo día de su gira por Africa, Lula da Silva recibió un llamado telefónico desde Washington. Era el presidente norteamericano George Bush. Del otro lado de la línea, el brasileño escuchó con amabilidad una demanda del jefe de Estado de la primera potencia mundial. Este sugirió que Brasil se convenza y ayude a persuadir a la India de la necesidad de aceptar las propuestas de Estados Unidos y Europa para liberalizar el comercio mundial. La conversación duró 20 minutos y terminó en una clara disidencia entre los dos líderes, aunque sin perder la afabilidad que los caracteriza.El pedido de Bush a Lula, para que se retomen rápido las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio, vino en un momento especial. Fue horas antes de la reunión que ayer se realizó en Pretoria, entre el presidente brasileño, el sudafricano Thabo Mbeki y el primer ministro de la India Manmohan Singh. Los tres forman parte de un foro llamado Ibas, que se creó en 2003 para unificar las gestiones del grupo de los 20 representados por estos tres países ante los ricos del planeta, para lograr "un comercio mundial más justo" para todos.El canciller Celso Amorim sugirió: "No hubo acuerdos pero no están cerradas las puertas. Estados Unidos tiene interés en concluir la ronda de Doha (de liberalización del comercio mundial). Pero todavía no detalló sus concesiones, como tampoco lo hizo Europa, en el área de los subsidios agrícolas". De acuerdo con fuentes de la cancillería brasileña, Lula dijo a Bush que "a Brasil le interesa que haya más claridad en las propuestas sobre la agricultura, porque por el momento solo se habla de generalidades". Ayer, en la cumbre con India y Sudáfrica, Lula reveló su disgusto al señalar: "De poco nos vale ser invitados apenas para comer los postres en el banquete de los poderosos". Y llegó a sugerir que puede dejar de asistir a las citas del exclusivo Grupo de los 8, donde también toman café los sudafricanos y los hindúes. Lo que quedó claro es que Brasil no acepta un acuerdo de Doha si no le dan más tiempo y amplitud para proteger sectores industriales sensibles. Las grandes potencias no aceptan ampliar de 10 a 15 el número de ramas productivas que pueden quebrar si se acelera la apertura demandada por las grandes potencias. También molestó en Brasilia que Estados Unidos volviera a rechazar ese pedido de flexibilidad, enarbolado también por Argentina. De acuerdo con declaraciones del negociador norteamericano Peter Allgeier, realizadas al diario brasileño Valor, la flexibilidad que ofrecen los países industrializados a brasileños y argentinos ya son suficientes. Dicho en sencillo, Brasil y Argentina tienen que avenirse a las demandas de apertura de sus mercados de bienes industriales y servicios tal formuladas por Europa y EE.UU. Para estos últimos, como brasileños y argentinos son los principales beneficiarios del recorte de subsidios a la agricultura practicados por los grandes, no deben imaginar que obtendrán ventajas sin pagar el costo en el área industrial. No sólo hay que convencer a los sudamericanos. También está la India. Justamente el premier colocó las cosas en los términos justos: el problema de la liberalización comercial, que se tramita en la Ronda de Doha, está en la agricultura y no en el área industrial.
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